Cuando fuimos los mejores

Diumenge, 27 Abril 2008


Anit vaig estar al concert Loquillo (a seques) tot i que el lloc (el Gran Teatre d’Alzira) no acompanyara massa el concert em va agradar molt. Quasi dues hores i mitja de les millors cançons de qui porta tota una vida dalt dels escenaris mantenint-se ferm a la seva forma de fer.

Us deixe una de les lletres de Loquillo que més m’agrada, en ella escolte a algú que enyora altre moment ha estat en la cresta de la ona, que ha sigut el cantant de moda i com a tal ha estat seguit e idolatrat per multituds, però que arribat el moment ha baixat de la ona, les multituds han passat a idolatrar a altres. Però ell es manté es manté ferm i continuar sent ell mateixa amb aquells a qui realment agrada per el que fa i no porque està de moda. Porte algun temps pengat-li voltes a aquestes coses de fer el que t’agrada o el que t’interessa i pensant que vull fer al meu futur.

Per cert, baix de tot teniu una galeria de fotos del concert.

Cuando fuimos los mejores, Loquillo y Trogloditas (click per escoltar-la)

Cuando fuimos los mejores
Los bares no se cerraban
Cada noche en firme
A la hora señalada

Cuando fuimos los mejores
Las camareras nos mostraban
La mejor de sus sonrisas
En copas llenas de arrogancia

Cuando fuimos los mejores

Cuando fuimos los mejores
Nuestro otro yo nos acechaba
Mercaderes de deseos
Habitantes de la nada

Cuando fuimos los mejores
Dejamos de ser nosotros
Lo peor que llevas dentro
Se refugia en tu mirada

Cuando fuimos los mejores

Cuando fuimos los mejores
El dinero se gastaba
Se podía comprar todo
Incluso vuestras almas

Cuando fuimos los mejores
Y la vida no se pagaba
En todas las esquinas
Mi juventud se suicidaba

Cuando fuimos los mejores…

Cuando fuimos los mejores

Click en la foto per accedir a la galeria de fotos del concert.

NOTA: Deixe pendent un post sobre la setmana que he passat fent fotos al seminari de CERAI on ho he passat molt molt bé.

Negro

Dijous, 14 Febrer 2008

Foto en Flickr

Cien días - Ismael Serrano (click para oirla)

Como una luna nueva, como el metro de Madrid,
negro como una caries o un septiembre estudiantil,
como la certeza de que no sueñas conmigo,
negro era aquel bar donde se esconden los malditos
de los amaneceres, de los repartidores de periódicos,
de las agujas del sol, del amor del prójimo. Allí la encontré.

Como un suicida asomado al borde del precipicio,
amontonando maldiciones sobre la barra de aluminio,
temblaba en sus ojos el humo de mil cigarros
que fumó con un tipo que la había besado,
que la dejó una mañana dormida entre las dunas de su cama,
que se fue con otra una madrugada, así la encontré.

Alguien me contó que llevaba cien días encerrada en aquel bar,
pidiendo fuego o alguna pista que le ayudara a encontrar
la luz dentro del laberinto, el mapa donde está escondido,
el mar donde arden las promesas, donde solías naufragar.
Cien días escondiéndose del gris cielo de marzo y sus atascos,
tragando niebla por la nariz, soñando contigo en los lavabos,
jurando no salir con vida, sellando todas las salidas,
buscando en un mar de ginebra una playa en la que encallar.

Besó una copa llena de cenizas, me miró,
me dio el humo de sus manos, lo fumé. A cambio yo
le conté que la ciudad la estaba esperando,
que afuera llovían madreselvas, que se acercaba el verano,
que qué iba a ser de nosotros, si decidía no venir conmigo,
que saliera a desafiar al alba y sus asesinos, así le hablé.

Sonrió cansada y perdida, se abrió su boca azul.
Besó de nuevo la copa, se marchó y toda su luz
fue devorada por la puerta de un servicio
donde mujeres sin alma te empujan al precipicio.
Serán ciento un días encerrada en la negrura de este bar,
yo salí a la calle y olvide pagar, y me marché.